Monsanto dice que sus pesticidas son seguros: la justicia busca que lo pruebe

Monsanto dice que sus pesticidas son seguros: la justicia busca que lo pruebe

Una audiencia en la corte de San Francisco será la oportunidad para analizar bajo juramento y de manera abierta papers científicos y archivos confidenciales de Monsanto. El debate se centra sobe el glifosato.

Carey Gilliam para The Guardian. 5 de marzo 2018

Traducción y adaptación periodística para Lavaca.org: Anabel Pomar

El lunes, una audiencia en la corte federal en San Francisco enfocará su atención en los estudios científicos sobre la seguridad y la toxicidad de uno de los pesticidas más utilizados en el mundo, el glifosato, que ha sido relacionado con el cáncer y se encuentra comúnmente en nuestros alimentos y agua e incluso en nuestros propios cuerpos. Dadas las amplias implicaciones para la salud y el medio ambiente relacionadas con el uso de este pesticida haríamos bien en prestarle atención.

Como ingrediente activo en el Roundup de la marca Monsanto y en cientos de otros herbicidas, el glifosato representa miles de millones de dólares en ingresos anuales para Monsanto y otras compañías químicas, y de los agricultores que lo usan extensivamente en la producción de alimentos. El producto es también utilizado en las ciudades para mantener los parques públicos y las áreas de juegos libres de malezas, y por muchos  propietarios particulares en sus jardines. Pero el producto químico fue considerado un cancerígeno humano probable por los expertos en cáncer de la Organización Mundial de la Salud en 2015, en un hallazgo que desde entonces ha desencadenado oleadas de demandas de responsabilidad civil contra Monsanto.

Los acalorados debates sobre la seguridad -o la falta de ellos- de este popular herbicida se han extendido por todo el mundo y han desencadenado una verdadera guerra de propaganda en la cual hay acusaciones cruzadas de tergiversación de la información científica existente sobre el producto. Las víctimas de cáncer alegan que Monsanto realiza revisiones de investigación “fantasmas” (es decir escritas por ellos mismos sin admitir esa autoría), que influyó indebidamente en los reguladores de control y creó grupos de “choque” para defender con argumentos falsos la seguridad del glifosato. Monsanto, por su parte, afirma que múltiples estudios realizados por científicos internacionales – los que señalan su toxicidad-  tienen fallas y están motivados políticamente, y asegura que los estudios de la industria química demuestran que el producto es seguro cuando es usado según lo previsto.

Lo que sucederá por primera vez, esta semana, en la corte es que todo el corpus de investigación, papers que han estado acumulando polvo en revistas científicas marginales o archivos corporativos confidenciales, serán analizados bajo juramento y de manera abierta para todos.

No será un ejercicio infructuoso. Son vidas reales las que están en juego en este debate sobre los riesgos de los pesticidas para nuestra salud. En la actualidad se estima  que uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres desarrollen cáncer en sus vidas y que los cánceres infantiles vayan en aumento.

En los niños, la exposición a los pesticidas no solo está relacionada con los cánceres pediátricos, sino también con la función cognitiva disminuida y los problemas de conducta. En los adultos, los pesticidas están relacionados con el linfoma no Hodgkin, la leucemia, el cáncer de cerebro, de próstata y otros cánceres. Más de 3,000 demandantes que demandaron a Monsanto alegaron que la exposición al Roundup basado en glifosato de la compañía les causó a ellos o a sus familiares, linfoma no Hodgkin.

Monsanto ha tratado de persuadir al juez estadounidense Vince Chhabria para que desestime el litigio, y trató de mantener en secreto los muchos documentos internos que se ha visto obligado a entregar en el proceso. Pero Chhabria ha ordenado que la audiencia sea grabada en video y compartida públicamente a través de Internet. Y ha otorgado permiso para que los demandantes exploren en tribunales abiertos situaciones como la escritura fantasma de artículos científicos, así como un controvertido estudio de 1983 que los científicos de la EPA en ese momento dijeron que mostraba evidencia del potencial cancerígeno del glifosato.

La corte calificó a los eventos del 5 al 9 de marzo como “la semana de la ciencia” porque la única evidencia que se presentará provendrá de investigadores del  cáncer, incluidos epidemiólogos, toxicólogos y otros expertos llamados a analizar investigaciones relevantes. No habrá llanto de víctimas de cáncer ni testimonios emotivos; solo lados opuestos presentando la evidencia científica a un juez quién decidirá si las demandas pueden, o no, seguir adelante.

Para reforzar su defensa, la compañía y los aliados de la industria química han estado trabajando para desacreditar a los científicos e investigadores del cáncer y otros actores  que han estado advirtiendo sobre la peligrosidad del Glifosato. Ese monumental esfuerzo puesto en función del descrédito se evidenció cuando miembros del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de representantes de los EE.UU. celebraron una audiencia en Washington el 6 de febrero para ventilar las quejas de Monsanto sobre la clasificación del glifosato de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) como probable carcinógeno y amenazar para despojar fondos a ese cuerpo científico.

El esfuerzo del comité -convertir efectivamente una guerra contra el cáncer en una guerra contra la ciencia que investiga el cáncer- fue aplaudido por la industria química. Monsanto, junto con el grupo de lobby, CropLife America y otras organizaciones agrícolas, también demandó a California para evitar que los reguladores ambientales exijan el etiquetado con advertencias de cancerígeno en los productos de glifosato, obteniendo el 26 de febrero un amparo que bloquea la obligatoriedad de dicha advertencia.

El debate sobre el glifosato no es más que el último ejemplo de cómo los esfuerzos de la industria a menudo se centran no en examinar la evidencia científica del daño, sino en desacreditar a la ciencia que señala ese daño. El año pasado, por ejemplo, Dow Chemical presionó con éxito a los responsables de la Agencia de Protección Ambiental para que ignorara las advertencias de sus propios científicos (y de otros expertos) sobre una investigación que relaciona a uno de sus plaguicidas más vendidos, el clorpirifos, con daños en el desarrollo cerebral en niños.

Los testimonios de expertos que se podrán escuchar en San Francisco sobre el producto más vendido de Monsanto y lo que sucederá en estas audiencias  presenta una oportunidad de importancia para despejar los hallazgos científicos concernientes a la seguridad de las operaciones montadas en nombre de la ciencia.

Todos deberíamos estar mirando.

Leé todas las traducciones de los artículos sobre los Monsanto Papers 

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