Cómo la ciencia corporativa digita la política

Cómo la ciencia corporativa digita la política

Los documentos internos de Monsanto revelan una campaña sorprendente en detrimento de la ciencia. Los formuladores de políticas se basan en documentos producidos por la propia empresa.

Por Carey Gillam en link original

Traducción colaborativa y adaptación para lavacaorg: Anabel Pomar

Como experta invitada a una audiencia del Parlamento Europeo, el mes pasado, me uní a científicos, reguladores y otros especialistas, en lo que se convirtió en un debate global sobre las actividades del gigante estadounidense de semillas y agroquímicos, Monsanto, y los estudios “científicos” en relación al glifosato, el ingrediente activo en su popular herbicida Roundup.

El glifosato, que Monsanto lanzó al mercado en 1974, es el herbicida más utilizado en el mundo, aplicado en campos agrícolas que cultivan nuestros alimentos, así como en parques, áreas de juegos, campos de golf y jardines. Los residuos del herbicida se encuentran comúnmente en nuestros alimentos y agua. Los aliados de la compañía y de la industria química han afirmado durante mucho tiempo su seguridad, pero muchos científicos independientes no están de acuerdo con esa afirmación.

Dada la abrumadora evidencia del engaño científico que ahora es revelado sobre Monsanto y el glifosato, está claro que se requiere un escrutinio profundo de este tipo de manipulación.

Mi presentación a los miembros del parlamento, titulada “Décadas de engaño”, no se centró en la cuestión de la seguridad, sino en la campaña secreta de larga duración de la corporación para manipular el registro científico, influir en la opinión pública e influir en las evaluaciones reglamentarias. Los detalles de estos “esfuerzos” quedan claramente expuestos  en los documentos internos de la propia Monsanto obtenidos en la investigación preliminar de litigios contra la compañía y en el contenido de los registros del gobierno disponibles a través de solicitudes de información pública.. A pesar de todo, los republicanos en el Congreso – a instancias de la industria química – ahora están amenazando los fondos estadounidenses que son destinados a la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que ha trabajado para resaltar los posibles riesgos de cáncer asociados con el glifosato.

Los registros internos muestran que los ejecutivos de Monsanto redactan borradores y papers de investigación que son publicados en apariencia como textos escritos por fuentes imparciales, ocultando el verdadero autor detrás de los mismos, en una práctica que la propia compañía denomina “escritura fantasma”. En un correo electrónico, un científico de Monsanto sugirió “escribimos fantasma” ciertas secciones de un trabajo al cuál ya  habían “entregado” un documento borrador anterior que sostenía la seguridad del glifosato presentado a los organismos de regulación. Un científico diferente se jactó de haber “escrito de modo fantasma” en un documento separado que también respaldaba la seguridad del glifosato. Ambos documentos fueron citados por la Agencia de Protección Ambiental en una resolución que afirmó no existía conexión entre el glifosato y el cáncer. Los documentos muestran que Monsanto también editó y manipuló una colección de documentos en los que se encontró que el glifosato es seguro, aunque las versiones publicadas declararon lo contrario. Esos documentos fueron deseados para ayudar a influenciar a los reguladores europeos, según los registros.

Los documentos también revelan que la compañía escribió columnas de opinión y presentaciones para académicos en apoyo de la seguridad del glifosato que, cuando se publicaron, no mencionaban la participación de Monsanto.

Los esfuerzos se aceleraron después de que un equipo de científicos del IARC, en marzo de 2015, revisó años de literatura independiente, publicada y revisada por pares y dijo que el peso de la evidencia mostró que el glifosato es un probable carcinógeno humano, con un vínculo particular con el linfoma no Hodgkin.  El estado de California ante esto, clasificó al químico como un carcinógeno conocido, y más de 3,000 personas han demandado a Monsanto culpando a Roundup por sus cánceres.

Muchos otros problemas de salud han surgido producto de la investigación independiente. Un ensayo del Reino Unido encontró que el químico contribuyó a un mayor riesgo de enfermedad de hígado graso no alcohólico (EHGNA). Otros estudios lo vinculan a la enfermedad renal, y un estudio de epidemiología publicado el 9 de noviembre encontró una asociación entre el glifosato y la leucemia mieloide aguda, aunque ese artículo no encontró relación con los no Hodgkin como si lo hizo el IARC.

Para colmo de males, en octubre la Facultad de Medicina de la Universidad de California-San Diego publicó los resultados de un estudio que rastreó a los residentes ancianos en el condado agrícola de San Bernardino.

Los investigadores dijeron que la exposición humana al glifosato ha aumentado aproximadamente un 500 por ciento desde mediados de la década de 1990 y los niveles medios de glifosato encontrados en la orina de los sujetos del estudio aumentaron más de 1,200 por ciento.

Monsanto y sus aliados de la industria química han respondido descartando las preocupaciones en torno al glifosato, trabajando para promover la idea de seguridad del mismo y cuestionando los hallazgos del IARC, alegando que los científicos independientes de élite responden a intereses políticos o  se confían de ciencia basura. Al mismo tiempo, la compañía está demandando al estado de California que exige el etiquetado de advertencia sobre productos de glifosato.

Pero las afirmaciones de Monsanto de la probada seguridad del glifosato son desmentidas por lo que se puede observar en los propios documentos conocidos como los Monsanto Papers. Por ejemplo, aunque los funcionarios de Monsanto expresaron conmoción e indignación al enterarse de la clasificación del IARC, incluso antes de que el IARC se reuniera, los funcionarios escribieron sobre la “vulnerabilidad” existente en epidemiología y otros tipos de investigación, y advirtieron a sus colegas, que el IARC podría clasificar el glifosato como un probable carcinógeno humano. La compañía presentó una estrategia antes de que el IARC se reuniera para “organizar la protesta” ante la ya esperada clasificación.

Más documentos muestran que Monsanto está trabajando con ciertos funcionarios de la EPA para desalentar una revisión por separado del glifosato por parte de una unidad del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EE. UU. Porque la compañía temía se produjera “un IARC doméstico”.

Estas tácticas no son nuevas, ni son exclusivas de ninguna industria en particular. A lo largo de los años, hemos visto múltiples ejemplos de cómo se puede hacer girar la ciencia, desacreditar a los críticos, u ocultar la evidencia de daños por parte de compañías dedicadas a vender de todo, desde tabaco hasta teflón. Proteger las ganancias corporativas e interponerla por sobre la seguridad pública es una táctica probada y usual en muchas industrias poderosas.

Pero dada la alarmante evidencia del engaño científico que ahora se revela sobre Monsanto y el glifosato, está claro que se requiere un escrutinio profundo de este tipo de manipulación.

La evidencia del engaño ha resonado tan fuertemente en todo el Atlántico que el Parlamento Europeo votó el 23 de octubre a favor de una eliminación de cinco años con el producto químico totalmente prohibido para el 2022. Pero el 27 de noviembre, los estados miembros de la Unión Europea respaldaron un plan quinquenal. La reautorización del químico después de más de un año de estancamiento y la negativa a firmar una aprobación de 15 años propuesta.

Los legisladores de EE. UU. deberían adoptar la visión más cautelosa que observamos prima en Europa. En lugar de buscar castigar a los expertos independientes, deberían castigar, y trabajar para evitar, la manipulación corporativa de la ciencia. Y garantizar que la protección de la salud pública prevalezca sobre la protección de los beneficios corporativos.

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