El Congreso corporativo: noticias falsas para desacreditar a expertos del IARC
WASHINGTON, DC - MARCH 19: House Science, Space and Technology Committee Chairman Lamar Smith (R-TX) holds up a copy of TIME Magazine with a cover article about 'near-Earth objects' during a hearing in the Rayburn House Office Building on Capitol Hill March 19, 2013 in Washington, DC. The committee asked government and military experts about efforts to track and mitigate asteroids and meteors. (Photo by Chip Somodevilla/Getty Images)

El Congreso corporativo: noticias falsas para desacreditar a expertos del IARC

La historia de una audiencia convocada en el parlamento de Estados Unidos por un congresista que pretendía atacar estudios sobre el cáncer. La relación con Monsanto, su glifosato y cómo la empresa arremete contra la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud.

Por Carey Gillam(*) Para Environmental Health News – 5 febrero 2018

Traducción y adaptación periodística para lavaca.org, Anabel Pomar

El congresista Lamar Smith, presidente del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, ha programado una audiencia completa para el 6 de febrero con una agenda destinada a atacar a algunos de los mejores científicos del mundo en investigación sobre el cáncer.

Dado el hecho de que el cáncer es la segunda causa de muerte en los Estados Unidos, parece obvio que nuestros legisladores deberían apoyar el trabajo de la ciencia que investiga el cáncer en lugar de tratar de impedirla. La acción de Smith se produce después de que la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud, enojó a Monsanto cuando declaró que el glifosato, un ingrediente clave en sus herbicidas, es un probable cancerígeno.

Aunque la audiencia se titula En defensa de la integridad científica: examinando la monografía del IARC y la revisión del glifosato, la ironía no se escapa para aquellos que han estado siguiendo los esfuerzos de Smith para desacreditar y desfinanciar a esa agencia de investigación del cáncer.

En cartas a los líderes del IARC, Smith ha repetido historias falsas y noticias inexactas plantadas por Monsanto y sus aliados de la industria química, argumentando para ello su preocupación en el destino del dinero de los contribuyentes.

Vale la pena señalar que el plan para colocar a la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer en el banquillo se puso en marcha hace aproximadamente tres años cuando Monsanto predijo que los científicos internacionales expertos en esa enfermedad encontrarían que su herbicida tiene potencial cancerígeno. Tal como puede leerse en las comunicaciones internas de la compañía que salieron a la luz gracias a un litigio judicial reciente.

Esos documentos también muestran que en febrero de 2015, un mes antes de la clasificación del IARC, los ejecutivos de Monsanto presentaron un plan estratégico para desacreditar a los científicos responsables de esa evaluación. El plan fue diseñado para “organizar protestas y una ola de indignación contra la -en ese momento inminente- decisión del IARC”.

Los esfuerzos para manipular la opinión pública sobre el IARC se intensificaron el verano pasado cuando los aliados de Monsanto “alimentaron” una historia falsa que fue publicada por un reportero de Reuters logrando difusión mundial. Esa noticia jugó un rol clave para el ataque que la industria química realizó contra el IARC.

La historia periodística se basó en una deposición del experto científico que presidió la investigación sobre glifosato del IARC, Aaron Blair. El artículo asegura que Blair se negó a incorporar información que habría alterado la decisión del IARC de clasificar al glifosato como probable cancerígeno. Reuters nunca proporcionó un enlace a la deposición, que en ese momento no se había presentado en ningún tribunal y no estaba disponible públicamente, pero que era el fundamento del artículo mencionado. El presidente del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Smith, reprodujo y amplificó la historia afirmando que Blair admitía en esa deposición “que la información no compartida podría haber evitado la clasificación del glifosato como probable cancerígeno”. Pero cualquiera que se tome el tiempo para leer la deposición mencionada, que ahora está a disposición del público, vería que Blair nunca dijo tal cosa, y de hecho cuestionó en reiteradas oportunidades que los datos en cuestión no eran adecuados para ser considerados por el IARC, por no cumplir con los requisitos de publicación científicos.

Una noticia falsa similar fue impulsada por la industria química y repetida por Smith acusando a el IARC de eliminar del reporte final aquellas evaluaciones que no encontraban conexión entre el glifosato y el cáncer. Smith y su equipo desconocen, o eligen hacerlo, que las afirmaciones de Monsanto según los científicos especialistas en cáncer no podían ser confirmadas por carecer de rigor.

Los funcionarios del IARC han detallado los ataques, las acusaciones y falsedades de los que han sido blancos por parte de la industria química, pero la denuncia ha caído en saco roto.

Monsanto necesita desacreditar a los científicos internacionales del cáncer porque fue el hallazgo del IARC el que generó oleadas de demandas contra Monsanto y provocó movimientos para prohibir el uso de químicos en algunos países europeos.

Pero mientras Monsanto y otros intereses de la industria química están preocupados por los miles de millones de dólares en ingresos que obtienen anualmente de productos basados en glifosato, el ataque a este grupo científico independiente debería preocuparnos a todos.

De acuerdo al Instituto Nacional del Cáncer se espera que aproximadamente el 39 por ciento de los hombres y mujeres que viven en los Estados Unidos sean diagnosticados de cáncer durante su vida. Solo este año, la Sociedad Estadounidense del Cáncer ha estimado que habrá más de 1,68 millones de personas recientemente diagnosticadas con cáncer y más de 600,000 muertes por cáncer. En todo el mundo, hay más de 14 millones de casos de cáncer cada año, y se espera que ese número llegue a casi 22 millones para el año 2030.

El cáncer “afecta la vida de casi todos, directa o indirectamente” y más allá del costo en vidas y salud, le cuesta a los Estados Unidos más de $ 200 mil millones en costos médicos y pérdida de productividad, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. . Para reducir las muertes por cáncer, debemos poner más énfasis en la prevención en primer lugar, y una gran parte de esa “prevención primaria” de acuerdo con un informe de 2016 del Programa Nacional de Toxicología (NTP) del HHS “es identificar los carcinógenos”. Claramente, las compañías que venden productos químicos vinculados al cáncer prefieren que el IARC sea desfinanciado y desmantelado. Lo han dicho a través del falso Consejo para la

Precisión en Investigación de Salud Pública (CAPHR), una organización sin fines de lucro establecida por el Consejo Estadounidense de Química, hace un año, con el objetivo específico de promover la “reforma” del IARC. Ver a nuestros legisladores promoviendo tan ansiosamente los intereses corporativos cuando están en juego tan importantes intereses concernientes a la seguridad pública ubica a la nueva política estadounidense un peldaño más debajo de lo esperado.

Estos son literalmente asuntos de vida o muerte.

Nuestros servidores públicos deben rendir cuentas, apoyar a los científicos que trabajan para identificar cancerígenos y revertir los intereses corporativos que quieren desacreditar “la ciencia” que amenaza sus ganancias. La integridad científica debería significar exactamente eso.

(*) Carey Gillam es una ex periodista de Reuters y autora de “Whitewash: La historia del herbicida asesino, cáncer y ciencia corrupta”. Dirige investigaciones sobre la industria agroquímica para el grupo de defensa del consumidor U.S. Right to Know. Gillam fue uno de los siete expertos invitados para testificar en el Parlamento Europeo, en octubre de 2017, sobre las preocupaciones relacionadas con el glifosato.
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